Pero...
Capítulo uno.
Capítulo uno.
Alguien saltó por encima de mí, a escasa distancia de mi cabeza, rodó cogiendo impulso y continuó su carrera. No le vi el rostro, aun seguía la niebla y el sol ya aparecía y me cegó la vista.
Le vi a lo lejos del tejado, llevaba una capucha rojo escarlata. Sin pensarlo ni poder pararme mi cuerpo empezó a correr siguiendo su recorrido, el desconocido corría y corría hasta que de repente se paró. No quedaba más tejado que recorrer, ya estaba a punto de alcanzarle. Esta vez distinguí algo que brillaba en el lado derecho de su cintura. Pero entonces, saltó al tejado que había enfrente suyo y siguió corriendo.
Estuve tan pendiente de su salto que al ir corriendo tropecé con una teja suelta que hizo que me resbalase y cayese al suelo del tejado, resbalándome hacia abajo. Las tejas comenzaron a deslizarse y caían en la calle dando estrepitosos golpes. Algunas se chocaban en su trayectoria antes de caer desesperadamente.
Seguí resbalándome hasta quedar suspendido en el aire a excepción de mis manos, que se aferraban como podían a una viga que sobresalía de, ahora, aquel tejado en ruinas.
Primero, cedió mi mano derecha, dedo a dedo, como si alguien los fuese levantando sin ejercer apenas resistencia, y luego, de repente, la mano izquierda.
En estos momentos estoy suspendido en el aire, viendo mi vida pasar en un momento. Dieciséis años de vida malgastados, todos, en una caída.
Pasó un segundo, dos, y caí rompiendo el toldo de aquel pobre tendero, luego, encima de sus frutas. El pobre hombre comenzó a decir insultos de seguido, apenas respiraba entre uno y otro.
La presión me pudo, y en vez de disculparme, o darle algo de dinero salí corriendo.
El señor gritó, -¡Guardias!- Pero no hicieron caso -¡Guardias!- Volvió a gritar. Uno de los tres que estaban parloteando se giró viendo el puesto de fruta destrozado y poco más lejos a mí corriendo como un ladrón al que han pillado. Salió corriendo sin mediar palabra con sus compañeros que al parecer no estaban por la labor de ayudarle a coger a un niñato.
Estuve corriendo durante unos veinte minutos calculo, él no se cansaba, sin embargo yo estaba herido, no tenía fuerzas, estaba desorientado.
Entonces, a la derecha de la calle por la que huía vi una posible vía de escapatoria. Giré aprovechando toda la muchedumbre y recorrí los escasos metros de la calle con las pocas fuerzas que me quedaban.
Escuché al guardia preguntar por mí, pero al parecer nadie se fijó lo suficientemente en mí. Me senté en aquel suelo frío y mojado apoyando la cabeza contra la pared.
Pasé media hora en aquel lugar solitario, era lo único que me apetecía hacer. Nada. Pero los problemas no terminaron. El encapuchado al que intenté perseguir me levantó y me dio lo que parecía una bolsa repleta de florines.
-Ni una palabra de lo que vistes esta mañana, para ti no existo¿queda claro?-
-Asentí-
-No vuelvas a subir a un tejado, nunca, o asume las consecuencias- Me soltó empujándome contra la pared y dándome un cabezazo contra esta. De repente, calma otra vez.
Abrí la bolsa, estaba llena de piedras, ese tipo al que no le he hecho nada me intenta silenciar sobornándome con piedras...
Me levanté de nuevo, tiré la bolsa de piedras y volví a la vía principal. Ahora tocaba encontrar un...