Memorias de una sombra.
Capítulo dos. Empalagoso.
(Como ya has visto en el título, este es el capítulo dos, yo que tú pasaría por el "historial" lo tienes a la derecha de la página, y busca la entrada anterior, o anteriores, si te sirve de ayuda la primera es la del 4 de enero y nada, a leer)
Ya casi había terminado mi guardia, aunque la verdad había
estado perdiendo el tiempo mirándola. Allí estaba ella, no paraba de mirarme y
yo a ella aunque no me he atrevido a nada por miedo a cagarla, no quiero
arriesgar, y menos en una situación así.
Mira a mi hermano, allí está igual que yo, sin parar de
mirarla, solo que ella no le quiere, me da un poco de pena, pero bueno, el amor
no es cosa de tres, seguro que encuentra a alguien que le quiera como se debe, es un buen chico.
En fin, ya tocó el cambio de guardia. Bajo las escaleras del
muro, no ha pasado nada, menos mal, no me hace gracia cruzarme con uno de
ellos. Bueno, olvidémonos de eso.
Le paso las cosas a mi primo y me siento al lado de la
hoguera junto a ella y me da un beso en la mejilla, es increíble, es perfecta,
o bueno, supongo que también influirá eso del amor, dicen que es malo, pero yo
no veo nada mal en ello, en todo caso lo contrario. La abrazo y apoyo mi cabeza
en ella, estoy cansado, es agotador quedarse de pie horas y horas mirando la
negra oscuridad, pero por suerte está ella.
¿Demasiado empalagoso no? Sí, así soy yo, al menos ahora.
Dejo por un momento mis pensamientos y me centro en la
realidad, miro hacia el muro, allí está mi hermano dándole patadas a esa
piedra, se nota que se aburre tanto como yo, debería ir a verle ahora dentro de
un rato.
Me levanto, me sacudo un poco el polvo de mi ropa y doy un
pequeño paseo por lo límites de las ruinas. Hay una niebla blanca que se mezcla
con los árboles y las rocas, todo es tenebroso, a nadie le gustaría estar aquí.
Además hemos tenido que suspender la recogida de cuerpos porque no dábamos a
vasto, ahora nuestros familiares y amigos están apoyados en la base de las
ruinas o simplemente en el suelo. Todos se merecen un entierro digno o unas
simples palabras al menos. Todos se merecen un entierro digno…
Me alejo un poco de la hoguera hacia el centro de “el pueblo”.
Tengo hambre, debería ir a por algo a la plaza, a ver si está hoy de buen humor
y nos da a mí y los míos algo. Por el camino, pasando por una calle estrecha o
por lo que queda de ella veo otro de mis compañeros ya sin vida. Sus ojos,
abiertos, se clavan en mí como dos dientes afilados. Aparto la mirada y me
pongo la capucha para evitar volver a mirar.
Será mejor que vuelva, no me van a dar nada y voy a perder
el tiempo. Me doy la vuelta y vuelvo, acercándome a la hoguera, mi hermano está
bajando, pero apenas ha pasado un rato desde que comenzó su guardia, todavía no
le toca subir a ella. A saber que pretende, debería ir… pero otra vez su
maldita mirada hace que vaya hacia ella.
Ghost.