Memorias de una sombra.
Capítulo uno. Aburrimiento.
La Ruina de Arnor era el lugar donde nací, o al menos así lo
llamaban. Es un lugar oscuro, sombrío y tenebroso aunque en tiempos anteriores
el sol iluminó todos los rincones y esquinas del reino. Ya nada con vida salvo yo y unos cuantos nos
mantenemos aquí. Ni plantas, ni árboles, ni animales, todo está muerto, incluso
puede nosotros también. Nuestro hogar ha sido reducido a cenizas y rocas,
escombros y ruinas. Los muros están repletos de brechas, nuestras casas ya no
tienen tejados que nos cubran de las fuertes lluvias de granizo blanco. Las
calles son ríos de sangre, regueros de vida. Estamos sitiados por aquellas
horribles criaturas, infinitas, no sé como podemos existir aun, quizás nos
perdonan todos los días la vida simplemente para reírse de nosotros y hacernos
creer que aun hay esperanza. Aquí no hay
días, ni horas. Parece que el tiempo nunca pasa pues casi siempre es de noche o
el cielo está encapotado por nubes negras que simulan la oscuridad nocturna.
Alrededor de nuestros restos se encuentra Mordor, sitiándonos
por los cuatro puntos cardinales. Bestias, animales salvajes, hechizos y
encantamientos, armas afiladas, dientes, olores a muerte nos rodean e intentan
entrar en lo que queda de nosotros. Su ataque es continuo e incesante, pero por
suerte o por desgracia nos mantenemos con vida.
Ahora mismo mi grupo está al mando del distrito norte, uno
de los menos peligrosos. Somos una cuarta parte de nosotros, pero la mitad está
herida o cae con los días. Activamente solo estamos cinco personas, dos de
ellas son niños, con poca fuerza, aunque bueno, yo, y las otras dos personas de
mi grupo tampoco es que seamos muy adultos, tenemos entre quince y dieciséis
años, la verdad no sé cuantos, llevamos tanto tiempo así que los días parecen
inacabables.
Me toca vigilar ahora la entrada principal. Mi hermano me da
el relevo y me entrega su equipamiento. No tenemos ni siquiera armamento para
todos, tenemos que robarlo o bien simplemente huir cuando nos atacan. Mientras
asciendo las escaleras del muro me fijo en mi grupo. Los gemelos están
durmiendo, derrotados, pues son niños, solo quedan ella y mi hermano que acaba
de llegar. Se nota que se quieren. Están juntos todo lo posible y no paran de
mirarse en todo momento. Como los envidio, sobre todo a mi hermano. En fin, no
soy perfecto que se diga.
Bueno, concentrémonos, llego arriba y me aparto el flequillo
negro de mi pelo para ver mejor. Al
parecer no hay nadie, como de costumbre, pero quien sabe, mejor no distraernos.
De vez en cuando me doy la vuelta para mirarla. No sé si soy estúpido por soñar
o simplemente debería sentir pena por mí mismo al no conseguir lo que deseo.
Encuentro una piedra en el suelo y le doy pequeños
golpecitos, las guardias no son entretenidas que se diga. Un momento, eso no es
una piedra normal. Le doy una patada más inconscientemente. Mierda, se ha caído
al otro lado, bajaré a por ella, total, no hay nadie, y seguro que nadie
aparece.
Shadow.
No hay comentarios:
Publicar un comentario