Guía, capítulos.

miércoles, 4 de enero de 2012


Memorias de una sombra.

Capítulo uno. Aburrimiento.

La Ruina de Arnor era el lugar donde nací, o al menos así lo llamaban. Es un lugar oscuro, sombrío y tenebroso aunque en tiempos anteriores el sol iluminó todos los rincones y esquinas del reino.  Ya nada con vida salvo yo y unos cuantos nos mantenemos aquí. Ni plantas, ni árboles, ni animales, todo está muerto, incluso puede nosotros también. Nuestro hogar ha sido reducido a cenizas y rocas, escombros y ruinas. Los muros están repletos de brechas, nuestras casas ya no tienen tejados que nos cubran de las fuertes lluvias de granizo blanco. Las calles son ríos de sangre, regueros de vida. Estamos sitiados por aquellas horribles criaturas, infinitas, no sé como podemos existir aun, quizás nos perdonan todos los días la vida simplemente para reírse de nosotros y hacernos creer que aun hay esperanza.  Aquí no hay días, ni horas. Parece que el tiempo nunca pasa pues casi siempre es de noche o el cielo está encapotado por nubes negras que simulan la oscuridad nocturna.

Alrededor de nuestros restos se encuentra Mordor, sitiándonos por los cuatro puntos cardinales. Bestias, animales salvajes, hechizos y encantamientos, armas afiladas, dientes, olores a muerte nos rodean e intentan entrar en lo que queda de nosotros. Su ataque es continuo e incesante, pero por suerte o por desgracia nos mantenemos con vida.

Ahora mismo mi grupo está al mando del distrito norte, uno de los menos peligrosos. Somos una cuarta parte de nosotros, pero la mitad está herida o cae con los días. Activamente solo estamos cinco personas, dos de ellas son niños, con poca fuerza, aunque bueno, yo, y las otras dos personas de mi grupo tampoco es que seamos muy adultos, tenemos entre quince y dieciséis años, la verdad no sé cuantos, llevamos tanto tiempo así que los días parecen inacabables.

Me toca vigilar ahora la entrada principal. Mi hermano me da el relevo y me entrega su equipamiento. No tenemos ni siquiera armamento para todos, tenemos que robarlo o bien simplemente huir cuando nos atacan. Mientras asciendo las escaleras del muro me fijo en mi grupo. Los gemelos están durmiendo, derrotados, pues son niños, solo quedan ella y mi hermano que acaba de llegar. Se nota que se quieren. Están juntos todo lo posible y no paran de mirarse en todo momento. Como los envidio, sobre todo a mi hermano. En fin, no soy perfecto que se diga.

Bueno, concentrémonos, llego arriba y me aparto el flequillo negro de mi pelo para ver mejor.  Al parecer no hay nadie, como de costumbre, pero quien sabe, mejor no distraernos. De vez en cuando me doy la vuelta para mirarla. No sé si soy estúpido por soñar o simplemente debería sentir pena por mí mismo al no conseguir lo que deseo.

Encuentro una piedra en el suelo y le doy pequeños golpecitos, las guardias no son entretenidas que se diga. Un momento, eso no es una piedra normal. Le doy una patada más inconscientemente. Mierda, se ha caído al otro lado, bajaré a por ella, total, no hay nadie, y seguro que nadie aparece.

Shadow.

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