Guía, capítulos.

sábado, 7 de enero de 2012


Memorias de una sombra.Capítulo cinco. Sueño entre piedra.

(Como ya has visto en el título, este no es el primer capítulo, yo que tú pasaría por el "historial" lo tienes a la derecha de la página, y busca la entrada anterior, o anteriores, si te sirve de ayuda la primera es la del 4 de enero y nada, a leer)

Capítulo cinco. Sueño entre piedra.

-¡Mañana nos volveremos a ver!- grité.

Y nada respondió.

-A no ser que estemos muertos- me auto respondí.

Salté del muro hacia abajo y corrí hacia los dos enanos. Me miraron inmediatamente.  Comencé a recoger unas cuantas cosas que tenía repartidas por “el campamento” y me las guardé en la bolsa de cuero colgándomela en el hombro.

-Nos vamos, si al menos queréis seguir vivos- Les dije decidido.

Ambos dijeron que sí y recogieron lo poco que tenían.

Vamos caminando hacia el centro por las callejuelas ensangrentadas, en silencio. Necesitamos algo de comer para el largo camino, y no podemos salir por el lugar en el que estamos, no quiero que me vea ella. Ahora siento por ella una mezcla de rabia, ira, odio, y sobre todo, un puñetero amor.

Pegados a la pared seguimos avanzando en fila, de uno en uno, mirando al suelo para no pisar ninguna rata o cualquier otra cosa no muy agradable. Conforme avanzamos hacia el centro, mayor es la vigilancia, en teoría somos aliados, amigos, pero me da a mí que no, no sé si es por esas caras de amargura indefinida, por esas relucientes armaduras que nunca nadie de aquí ha visto, o por esas afiladas armas que empuñan. Desde luego no parecen de los nuestros, todos bien alimentados, algunos incluso demasiado, limpios, no, definitivamente no tengo nada que ver con ellos.

Avanzamos poco a poco y llegamos a una casa en el centro. Enfrente nuestro, nuestra  salida, donde más gente hay. Quizás salgo por ahí porque soy un suicida, porque me gusta el riesgo o porque estoy loco simplemente. Subimos al tejado y organizamos las guardias, le toca a uno de  los enanos primero y luego a mí. Por fin, descanso.

Acomodo una tela en el suelo a forma de almohada, me quito el cinto con la espada, dejo el carcaj a un lado, apoyo la lanza en la pared y me siento en el suelo, que, aun siendo de baldosa y no de piedra, es frío, pero por lo menos está seco. La cabeza se me inclina prácticamente sola, y me duermo en mis pensamientos.

"Hay una fuente en medio, el agua es lo único que se escucha, a lo lejos, se escucha la voz de alguien, es una voz dulce, pero no entiendo que quiere decir. Sigue hablando, pero el agua hace que no entienda nada. Se acerca a mí, me mira a los ojos y mantiene la mirada por unos segundos. Se pega a mí, cada vez más, y más, y más. Se acerca tanto que siento que la toco aunque apenas la roce. Me intento acercar esa corta distancia que queda pero del cielo cae un cristal que se clava por su espalda haciéndola quebrarse en mil cristales rojos de los que brota sangre. Uno de ellos termina en mi pecho rasgándome la piel."

Una explosión rompe parte del muro de nuestra casa, me despierto sobresaltado. El cielo ya no es negro, es rojo, cubierto de cenizas. Una lluvia de rocas enemigas incandescentes cae sobre nosotros y por suerte no encima nuestro.  El paraje es más desolador de lo habitual, niños corriendo, hombres y mujeres desangrándose y peleando como pueden, algunas violadas tristemente. Nunca vi nada igual, mis ojos se llenan de algo transparente, pequeño, un líquido que expresa tus emociones, las lágrimas.

-Vale ahora ¡Vámonos enanos!- grito despertándolos.
-Hay que irse o nos calcinarán o cortarán la cabeza para sus comidas-

Corro a las escaleras, o lo que eran, ya que solo unos peldaños quedan en pie. Bajo corriendo por culpa de los gritos que me asustan. Voy bajando pero una roca cae encima de mí destrozándome entero y dejándome bajo escombros.

Uno de los dos cae derrumbado por culpa de la agitación y el otro recibe un flechazo de una andanada.
La vista comienza a nublarse, los ojos van cerrándose, los músculos se relajan, me entra sueño, uno de los más rápido que he tenido hasta ahora.

                                                                                …

Una mano me sujeta del brazo y comienza a tirar.

Shadow

Memorias de una sombra.

Capítulo cuatro. Huida.

(Como ya has visto en el título, este no es el primer capítulo, yo que tú pasaría por el "historial" lo tienes a la derecha de la página, y busca la entrada anterior, o anteriores, si te sirve de ayuda la primera es la del 4 de enero y nada, a leer)

Me acerqué a ella y me cogió la mano levantándome. La sigo y me lleva hasta el muro piedra. Me besa y le devuelvo el beso llevándola hacia la húmeda pared. El frío de la roca contrasta con nuestro calor.

-Creo que ya es hora de que huyamos, según el grupo central estamos al borde de caer, ya no quedan suministros para todos y pronto acabarán con nosotros- Me dice susurrando, casi ni la puedo escuchar bien. 

- Pero está mi hermano, y los pequeños… no podemos dejarlos aquí cielo…- respondo  mientras le doy varios besos. 

-Estarán bien, si quedan tres los llevarán a otro lugar de las ruinas, y sabes muy bien que si vamos los cinco tenemos muy pocas posibilidades de llegar sanos y salvos allí-

-¿Y si al menos se viniese mi hermano? Ya se que los enanos nos retrasarían y demás pero mi hermano es igual que yo, es más, seríamos uno más- 

-Tanto tú como yo sabemos que nos tiene envidia, es mejor que no me vea para que se olvide de mí, miles de chicas le querrán, solo tiene que buscarlas… tú y yo cielo- Me besa.

-Está bien, pero déjame hablar con él-

Termina dándome un abrazo y subo el muro despacio, pensando en qué decirle, como explicárselo. Un viento helado acompaña mi rostro dejándolo helado. Llego arriba y me siento a su lado. Ni si quiera me ha mirado, aunque sabe que estoy allí. Me siento como él, colgando las piernas en el muro.

-Sé que has escuchado todo te he visto tumbado casi al lado de nosotros, así que bueno, ya lo sabes, quiere que nos vayamos, y tú deberías hacer lo mismo. En un par de días atacarán por última vez, para nosotros, será nuestro fin. Nosotros dos cruzaremos las montañas, ella dice que en la villa conoce gente que nos puede proporcionar lugar y trabajo, además, cualquier lugar es mejor que este hermano. Supongo que también sabrás lo del pasadizo al tumulario rojo. Podías intentar ir por allí, es arriesgado aunque te asegura un par de días más con vida, pero según me han dicho la entrada está cerrada por el grupo del centro, que planean huir por allí, son bastantes, así que supongo que cuando lleguen improvisarán. Algunos otros, demasiado valientes o porque desconocen la verdad se agrupan en la puerta sur, por donde no paran de moverse.-

Ahora, espero a que él diga algo, algún gesto, pero nada, lógico, en fin, seguiré.

-Si quieres nos puedes seguir por detrás, campo a través como nosotros, pero que no te vea ella. En cuanto a los enanos, bueno, la verdad, no merecen morir, así que es destino tuyo elegir que hacer y no mío. Sé que no estoy tomando una buena decisión, y lo siento, pero es lo que hay. Espero verte aquí, o en otro lugar- Apoyo mi brazo en su hombro y me levanto.

Nunca hemos sido muy cariñosos y él ya sabrá que hacer.

Bajo las escaleras, notando su tacto con mis manos por última vez. Lo único que queda de un palacio de la naturaleza. Árboles muertos, cenizas, ese líquido rojo.

Voy hacia los enanos y me despido de ellos. No son tan pequeños, solo les saco cuatro años, pero siguen siendo los enanos. No puedo evitar soltar alguna que otra lágrima pero intento disimularlas entre tanta protección contra el frío.

Con los ojos rojos, llorosos y cansados, cojo lo poco que tengo y de su mano me marcho con ella. La estampa es increíble, nunca vi nada tan desolador. Mi hermano en el muro, los enanos en la hoguera, gritos y llantos de eco. Ríos de sangre, gotas de lluvia negra desde el cielo. Hasta la luna se había escondido para dejar llorar a las nubes.

Poco a poco la niebla y la espesura de los árboles perennes ya no me dejaron ver aquello. La única razón por la que estaba allí, ella. ¿Tanto podía ser para mí? Al parecer… sí.

Un grito reconocí antes de alejarme demasiado.

-¡Mañana nos volveremos a ver…! – gritó mi hermano.

-A no ser que estemos muertos- susurré.

Ghost.