Memorias de una sombra.
Capítulo cuatro. Huida.
(Como ya has visto en el título, este no es el primer
capítulo, yo que tú pasaría por el "historial" lo tienes a la derecha
de la página, y busca la entrada anterior, o anteriores, si te sirve de ayuda
la primera es la del 4 de enero y nada, a leer)
Me acerqué a ella y me cogió la mano levantándome. La sigo y
me lleva hasta el muro piedra. Me besa y le devuelvo el beso llevándola hacia
la húmeda pared. El frío de la roca contrasta con nuestro calor.
-Creo que ya es hora de que huyamos, según el grupo central
estamos al borde de caer, ya no quedan suministros para todos y pronto acabarán
con nosotros- Me dice susurrando, casi ni la puedo escuchar bien.
- Pero está mi hermano, y los pequeños… no podemos dejarlos
aquí cielo…- respondo mientras le doy
varios besos.
-Estarán bien, si quedan tres los llevarán a otro lugar de
las ruinas, y sabes muy bien que si vamos los cinco tenemos muy pocas
posibilidades de llegar sanos y salvos allí-
-¿Y si al menos se viniese mi hermano? Ya se que los enanos
nos retrasarían y demás pero mi hermano es igual que yo, es más, seríamos uno
más-
-Tanto tú como yo sabemos que nos tiene envidia, es mejor
que no me vea para que se olvide de mí, miles de chicas le querrán, solo tiene
que buscarlas… tú y yo cielo- Me besa.
-Está bien, pero déjame hablar con él-
Termina dándome un abrazo y subo el muro despacio, pensando
en qué decirle, como explicárselo. Un viento helado acompaña mi rostro
dejándolo helado. Llego arriba y me siento a su lado. Ni si quiera me ha
mirado, aunque sabe que estoy allí. Me siento como él, colgando las piernas en
el muro.
-Sé que has escuchado todo te he visto tumbado casi al lado
de nosotros, así que bueno, ya lo sabes, quiere que nos vayamos, y tú deberías
hacer lo mismo. En un par de días atacarán por última vez, para nosotros, será
nuestro fin. Nosotros dos cruzaremos las montañas, ella dice que en la villa
conoce gente que nos puede proporcionar lugar y trabajo, además, cualquier
lugar es mejor que este hermano. Supongo que también sabrás lo del pasadizo al
tumulario rojo. Podías intentar ir por allí, es arriesgado aunque te asegura un
par de días más con vida, pero según me han dicho la entrada está cerrada por
el grupo del centro, que planean huir por allí, son bastantes, así que supongo
que cuando lleguen improvisarán. Algunos otros, demasiado valientes o porque
desconocen la verdad se agrupan en la puerta sur, por donde no paran de
moverse.-
Ahora, espero a que él diga algo, algún gesto, pero nada,
lógico, en fin, seguiré.
-Si quieres nos puedes seguir por detrás, campo a través
como nosotros, pero que no te vea ella. En cuanto a los enanos, bueno, la
verdad, no merecen morir, así que es destino tuyo elegir que hacer y no mío. Sé
que no estoy tomando una buena decisión, y lo siento, pero es lo que hay.
Espero verte aquí, o en otro lugar- Apoyo mi brazo en su hombro y me levanto.
Nunca hemos sido muy cariñosos y él ya sabrá que hacer.
Bajo las escaleras, notando su tacto con mis manos por
última vez. Lo único que queda de un palacio de la naturaleza. Árboles muertos,
cenizas, ese líquido rojo.
Voy hacia los enanos y me despido de ellos. No son tan
pequeños, solo les saco cuatro años, pero siguen siendo los enanos. No puedo
evitar soltar alguna que otra lágrima pero intento disimularlas entre tanta
protección contra el frío.
Con los ojos rojos, llorosos y cansados, cojo lo poco que
tengo y de su mano me marcho con ella. La estampa es increíble, nunca vi nada
tan desolador. Mi hermano en el muro, los enanos en la hoguera, gritos y
llantos de eco. Ríos de sangre, gotas de lluvia negra desde el cielo. Hasta la
luna se había escondido para dejar llorar a las nubes.
Poco a poco la niebla y la espesura de los árboles perennes
ya no me dejaron ver aquello. La única razón por la que estaba allí, ella.
¿Tanto podía ser para mí? Al parecer… sí.
Un grito reconocí antes de alejarme demasiado.
-¡Mañana nos volveremos a ver…! – gritó mi hermano.
-A no ser que estemos muertos- susurré.
Ghost.
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